
Antoni Bulbena, el psiquiatra que atendió a padre e hijo ante el bloqueo de la terapia, entrega mensajes de ambos a la jueza que investiga la muerte del fundador de Mango
En marzo de 2023, el conflicto entre Isak Andic y su hijo mayor, Jonathan Andic , parece haber llegado a un callejón sin salida. Padre e hijo llevan meses en manos de una mujer muy particular, Julia Lüderwaldt , psicoterapeuta de cabecera de familias adineradas de Barcelona —de los Sánchez Vicario a los Urdangarin— que los somete a una confrontación dialéctica como vía para superar una relación a ratos tóxica, de dependencia. Los Andic arrastran desde hace casi una década el intento fallido del padre de dejar Mango en manos de su primogénito. Con esos mimbres se sientan ante un psiquiatra, elegido por la terapeuta, y al que ambos confiesan el “sufrimiento” y el “malestar” que les provoca su “pésima” relación.
El detonante es el reclamo del primogénito, que se ha sentido siempre a la sombra del fundador de Mango , de una especie de “herencia en vida”: 40 millones de euros para emprender, por primera vez, sus propios proyectos: una sastrería y un restaurante. Julia se alinea con la petición porque, piensa, liberará al hijo del yugo, real o imaginario, del padre. Pero la negativa de Isak Andic, que no lo ve claro, y el estado emocional que detecta en Jonathan, llevan a Julia a tomar una decisión drástica : poner a los Andic en manos de un psiquiatra.
Antoni Bulbena, de 72 años, catedrático de psiquiatría especializado en trastornos de ansiedad, recibe a padre e hijo un sábado por la tarde de marzo de 2023 en su despacho de la zona alta de Barcelona. Primero charla con los dos a la vez y después, con cada uno por separado. Constata que tiene ante sí un panorama complicado, tal como detalló el profesional en su declaración como testigo hace unos días. Una jueza de Martorell (Barcelona) investiga si la muerte de Isak Andic a los 71 años durante una excursión a la montaña de Montserrat fue un accidente o acabó con su vida Jonathan, la persona que lo acompañaba en el Camí de les Feixades. En aquel primer y único encuentro, Bulbena comprobó también el “sufrimiento” que aquella compleja relación dejaba en ambos y, asimismo, el propósito firme que expresaron de salir de ese laberinto y reencontrarse.
Jonathan Andic y su entorno se han esforzado por subrayar la buena sintonía entre padre e hijo . Pero el contenido de los mensajes de WhatsApp —los Mossos han analizado conversaciones entre padre e hijo del teléfono de Isak Andic— y las declaraciones de los testigos apuntan a lo contrario. El primer conflicto de entidad no superado colea desde 2014, cuando Isak Andic decidió poner Mango en manos de su hijo , y el experimento no funcionó. Tuvo que dejar su plan de dar la vuelta al mundo a bordo del Nirvana y apartó a Jonathan solo un año después. Isak explicó esa circunstancia al psiquiatra y expresó su voluntad de arreglar las cosas, sobre todo para ver bien a su hijo. También le comentó que no creía que una “herencia en vida” fuese a solucionar los problemas del hijo. Jonathan, por su parte, verbalizó sentimientos de “odio” hacia el padre, como por otra parte ya había expresado ante la terapeuta.
Como contó en su declaración ante la jueza, Bulbena no volvió a verlos, aunque sí siguió comunicándose por teléfono con ellos. Los mensajes de texto y audio que le enviaron los ha puesto el psiquiatra a disposición del juzgado. Jonathan le escribió para decirle que, después de la visita, le había quedado claro que el psiquiatra no apoyaba la idea de la herencia en vida. “Ya veo que no cree que vayan a servir para mejorar mi estructura”, escribió, según han explicado a este diario fuentes judiciales. El primogénito, que ahora tiene 45 años, también le pidió que le ayudase a superar el profundo “malestar” ante la relación “pésima” que mantenía con su padre y le reiteró el “sufrimiento” que padecía.
“He tenido que ceder”
Dos meses después, Isak Andic envió un mensaje de audio a Bulbena, en el que le agradecía el trato recibido pero le indicaba que no iban a seguir adelante con las sesiones. “He tenido que ceder”, le dijo al psiquiatra para informarle de que retomaban las sesiones con Julia y que, por lo tanto, la idea de los 40 millones —condición de la terapeuta para seguir tratándoles— se imponía. De todos modos, y según fuentes de la defensa, no se acabó ejecutando: Jonathan recibió una donación de dos millones (frente a uno por cada una de sus hermanas, Judith y Sarah), cantidad que luego se “compensaba” en el testamento. La impresión que el psiquiatra trasladó a la jueza es que el empresario era un padre preocupado y dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de mejorar la relación con su hijo y verle salir del pozo.
A preguntas de la fiscal, Bulbena no supo explicar en qué consistía el método de las “siete cronologías”, que Julia Lüderwaldt empleó con los Andic y que divide la vida en siete etapas, cada una con sus enfoques y desafíos. En su declaración, también como testigo, la mujer —que no pertenece a ningún colegio profesional ni está inscrita en el registro estatal de psicoterapeutas — aseguró que la terapia dio frutos y gracias a ella Jonathan fue capaz de casarse (con la influencer Paula Nata) y de tener un hijo, que llegó al mundo menos de un año después del fallecimiento de Isak Andic en Montserrat, que ocurrió el 14 de diciembre de 2024. En las fechas cercanas a la muerte, insisten fuentes de la defensa, la relación entre padre e hijo era ya “buena”.
La “mala relación” es, para la jueza, uno de los siete indicios que sustentan la acusación de homicidio . En el auto de prisión bajo fianza que dictó el 19 de mayo, tras la detención del primogénito, la jueza señaló que Jonathan había manifestado, en sus escritos para la terapia, “sentir odio, rencor e ideas de muerte” y “culpabilizar a su padre” de su malestar. El origen del conflicto era la “obsesión” con el dinero de Jonathan, que ejercía una “manipulación emocional” sobre su padre para lograr sus propósitos. A mediados de 2024, supo además que el fundador de Mango iba a crear una fundación benéfica, lo que lleva a pensar, según la jueza, en un “móvil económico” del presunto homicidio, tesis que la defensa rechaza de plano puesto que sostiene que la fundación solo iba a recibir un pequeño puñado de la fortuna (valorada entonces en 4.500 millones de euros) acumulada por quien era, a su muerte, el hombre más rico de Cataluña.
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