
“No sabemos cómo estará nuestra casa: ojalá los bomberos la hayan salvado”, lamentan otro superviviente
La británica Patricia Garlic, de 78 años, volvía este jueves por la tarde de la playa cuando vio una gran humareda en el horizonte. “También había fuego junto a la carretera”, explica. Empezó a preocuparse cuando vio que el humo iba en dirección al camping de Los Gallardos (Almería, 3.110 habitantes), donde pasa largas temporadas desde hace 20 años. Su amiga Chris Owen, de 75 años, estaba en las instalaciones justo viendo cómo las llamas se le acercaban. “Nos dieron 10 minutos para coger lo esencial”, comenta apesadumbrada Patricia. “Teníamos miedo porque no sabíamos qué iba a pasar”, subraya Chris, mientras fuma uno de los muchos cigarros que ha necesitado en las últimas horas en el exterior del polideportivo Vista Alegre, en Garrucha, unos kilómetros más al oeste. Allí han pasado la jornada unas 200 personas evacuadas tanto de este alojamiento como de algunos diseminados han pernoctado. Luego llegaron también los evacuados de una urbanización turística en la cercana localidad de Alfaix.
La mayoría de los evacuados seguía, a media tarde, entre las porterías y las gradas del recinto, deseando salir de allí cuanto antes. Unos pasaban el rato jugando al tenis de mesa, otros leyendo o intentando dormir en las camas instaladas por el ayuntamiento. Algunos paseaban abanicándose mientras había quien prefería sentarse frente a un ventilador para mitigar el intenso calor, que rozaba los 32 grados en el exterior. Tenían a su disposición fruta, bocadillos, bebida, baños, duchas. “¿Tenéis agua para vuestros perretes?”, preguntaba una joven con chaleco rojo a una familia que descansaba en el pabellón junto a sus mascotas, como otras familias lo hacían con gatos, un loro o hasta un agaporni, según contaba el personal de Cruz Roja que asistía a quienes necesitaran ayuda.
Con el humo a la vista en el horizonte y el sonido de los hidroaviones yendo a recargar agua al Mediterráneo y volviendo a la sierra a descargarla, muchos charlaban sobre lo ocurrido entre gotas de sudor. “Pensábamos que era arena”, cuenta Liz Fowles, de 52 años, inglesa de Birmingham, quien creía que lo que tapaba el sol en la tarde del jueves era calima, como había visto en otras ocasiones que había visitado Almería de vacaciones. Más tarde observó el fuego en el monte y, sin pensarlo, empezó a empaquetar algunas pertenencias. Algo de ropa, el pasaporte, lo que pilló cerca. “Es muy precavida”, indica su pareja, Jason Fowles, de 56 años, que cuenta que estaba preparando la cena y al final no probaron bocado. “Vino gente del camping a avisarnos de que teníamos que irnos rápido”, señala. En diez minutos estaban fuera.
“Era una mujer, gritando, agobiada. Estaba desencajada”, señala Macarena Barrosa, de 44 años, natural de Melilla y residente en Oviedo, de veraneo con su familia en el camping por cuarto año consecutivo. “Habíamos visto el humo, pero pensamos que no pasaría nada. Nos metimos en el bungalow , tranquilos, con el aire acondicionado, esperando al partido del Mundial. Hasta que oímos las voces”, añade Barrosa, que solo fue consciente del peligro cuando salió a la carretera y observó que las llamas estaban muy cerca. “Lo veíamos tan lejos que pensábamos que era el incendio de Málaga que escuchamos en las noticias”, añade la pareja británica formada por Lauren y Tom Shingler, de 25 años, alojados en su caso en un resort a las afueras de la localidad de Alfaix del que fueron desalojadas otras 400 personas en la mañana del viernes.
A ellos les pidieron tener localizadas sus pertenencias más básicas, por si acaso, pero durmieron toda la noche tranquilos. Hasta que en la mañana del viernes, sobre las once de la mañana, les avisaron desde el establecimiento para decirles que debían abandonarlo por precaución. “No creo que hubiera riesgo por el fuego, pero sí por el humo”, añade Tom, que no esperaba precisamente pasar en un polideportivo municipal uno de los días de sus vacaciones almerienses. “Al menos estamos vivos”, asegura Lauren, quien confiaba volver pronto a su habitación antes de volver este sábado a su país.
En la misma urbanización turística se aloja la familia de la escocesa Donna McClymont, procedente de Glasgow, que recuerda el denso humo que, a última hora de la tarde, no les dejaba respirar con facilidad. Fue el momento en el que se preocupó. “Viajamos con tres niños. Pensé que igual no era un lugar muy seguro”, relata. La presencia policial y las palabras de los responsables del resort la tranquilizaron. “Tenía un coche de alquiler aparcado en la puerta, así que podíamos irnos cuando hiciera falta. Pero aún así tienes miedo porque no es tu país, no conoces el sitio, no es lo mismo que cuando estás en casa”, señala mientras enseña algunas de las fotos que hizo durante la tarde del jueves y habla con su familia para tranquilizarles vía WhatsApp. A su alrededor, unos dormitaban y otros, con paciencia, salían a observar la evolución del incendio deseando que la situación se normalizara pronto. “Nos ha tocado esto, pero podría ser mucho peor”, concluía McClymont.
Uriel Carbonell y Mariana Rodríguez, ambos de 18 años, se alojan estos días solos en la casa de la abuela de él, en Bédar, el epicentro del incendio. Habían pasado la tarde en Los Gallardos y al volver a la vivienda, a las afueras del municipio, encontraron que había muchísimo humo en la zona. “Apenas se podía respirar”, explica él. Conscientes del peligro, ni entraron al inmueble. Cogieron a las dos perras de su familiar —Bimba y Lola— y huyeron del lugar con rapidez en dirección a Lubrín, como les indicaban las autoridades. Veían las llamas desde el coche. “El fuego estaba ya muy cerca”, aseguran. “Allí se quedaron gatos, gallinas, tortugas… A ver qué ha pasado”, lamenta ella. Ambos han pasado la noche en casa de unos amigos en Mojácar, pero se han desplazado hasta el polideportivo de Garrucha para comer y descansar. “No sabemos cómo estará nuestra casa: ojalá los bomberos hayan salvado la casa”, afirmaba con optimismo Carbonell, esperando que pronto les autoricen a volver para comprobar las consecuencias del fuego.
A las nueve de la noche el vicepresidente primero de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz, ha elevado a 1.405 los desalojados, incluyendo las más recientes. En Chive se están completando a primera hora de la noche. El avance de las llamas obligó al mediodía de este viernes a desalojar a 70 personas del municipio de Lubrín. La Guardia Civil ha informado minutos antes de las nueve de la noche de que se va a desalojar a todos los diseminados al sur de esa localidad de 1.434 habitantes y que se dará prioridad a la zona al sur de la carretera Al 5102. Los agentes han instado a los vecinos de Lubrín a no salgan de sus viviendas.
Los propietarios del cortijo en la pedanía de Los Castaños han asegurado a este diario que “por ahora no se ha quemado ninguna vivienda ni cortijo, pero ya están desalojando”.
A través de un audio enviado a los vecinos de Sorbas, la concejala del Ayuntamiento de ese municipio María Rosa López ha avisado de que están desalojando Los Castaños porque el incendio está “muy cerca del núcleo de las casas los vecinos”. “Por favor, tened una muda, vuestra medicación y lo que creáis que es esencial para vosotros porque en caso de que el viento cambie se os mete aquí”, ha avisado. También ha pedido a los vecinos que no tengan cobertura que avisen a alguna persona cercana en cuanto puedan, y que se informen por los canales oficiales de emergencias, del ministerio y del ayuntamiento. López ha anunciado en ese mensaje que, para los vecinos que se sientan inseguros, esta habilitado espacio sociocultural de su municipio.
Huidas y salvamentos
María Rosario está en Vera, pero toda su familia vive cerca de la zona afectada por el incendio. Sus padres viven en Los Gallardos. Los peores momentos de angustia se vivieron por la noche, cuando su hermano le contó que sus padres habían cometido “una temeridad”. Habían salido de casa por la mañana, y por la tarde, con las carreteras cortadas, decidieron meterse por la rambla para llegar a la casa. “¿A quién se le ocurre?“, se preguntó María Rosario en esos momentos de máxima tensión. Según las fuentes oficiales, ha sido en una rambla donde, presuntamente, han perdido la vida los extranjeros que intentaron huir por su cuenta montados en su vehículo. Sus padres tardaron una hora y media en llegar a casa, pero por suerte lo hicieron sanos y salvos gracias a que conocían bien la zona. “Ahora están bien, un poco asustadillos”, confiesa.
Otros familiares de Rosario vivieron momentos de angustia. “Mi tía estaba en su casa, con su marido y sus dos nietos, de cuatro y siente años y cuando vio que el fuego se estaba poniendo virulento llamó a su nuera para que viniera a recogerlos. Cuando llegó a Almocáizar, estaba la Guardia Civil cortando la carretera. Los guardias no la dejaron pasar pero permitieron que se subiese a un coche para ir a recogerlos. Se encontraron a su tía y a los dos niños andando de camino a la carretera”.
María Rosario se enteró de lo que estaba ocurriendo porque su sobrina le envió un vídeo a las seis de la tarde. Hasta ese momento había estado dentro de casa y no veía la columna de humo que crecía en la zona. Más tarde, comenzó a tener problemas para comunicarse con sus familiares que estaban en Los Gallardos. “Allí no hay ni luz, se ha quemado el tendido eléctrico”, advierte. La almeriense apunta a que la actitud de los vecinos ha sido clave en poder salvar al mayor número de personas. “Los Gallardos es un pueblo muy cívico... hacen caso a las autoridades”, explica, antes de valorar que “el alcalde de Los Gallardos y el de Bédar están a una, aunque uno sea del PP y el otro del PSOE. Se ve que ahora mismo no importa el color”.
Con información de Óscar Martínez.
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