
Mientras el Pentágono reduce sus tropas en Europa, el despliegue en España se amplía con un buque de última generación y 300 militares
Con las relaciones entre la Administración estadounidense y el Gobierno español sometidas a la técnica de la ducha escocesa —Donald Trump aseguró en el avión de vuelta a EE UU que España se había “redimido por completo” al acceder a hacer un “pago muy importante” que no especificó, tras haber calificado a los españoles de “causa perdida” y “mala gente” en la cumbre de la OTAN en Ankara—, las relaciones militares entre los dos países avanzan ajenas al ruido. Está previsto que después del verano se incorpore a la base naval de Rota (Cádiz) el sexto de los destructores lanzamisiles de la clase Arleigh Burke, integrados en las Fuerzas Navales de Despliegue Avanzado en Europa (FNDF-E), dependientes de los mandos estadounidenses para Europa y África, según fuentes del Ministerio de Defensa.
Eso significa que, mientras el Pentágono está retirando tropas de países como Alemania y anuncia una revisión a la baja de los alrededor de 60.000 efectivos estacionados en Europa, la presencia militar estadounidense en España aumentará en unos 300 marineros, además de sus familias. Actualmente hay unos 7.000 militares estadounidenses en España.
La llegada del nuevo destructor será con toda probabilidad uno de los temas que la ministra de Defensa, Margarita Robles, abordará en su reunión de este jueves con el embajador estadounidense en Madrid, Benjamín León Jr. El despliegue de los cuatro primeros destructores, dotados con el sistema de combate Aegis, se acordó en octubre de 2011, bajo el mandato del entonces presidente Rodríguez Zapatero. Posteriormente, en mayo de 2023, se acordó ampliar la flota con dos más, al tiempo que se sustituían los cuatro primeros buques llegados a Rota por otros más modernos, dotados con helicóptero embarcado.
Tras haber reemplazado los cuatro iniciales, el quinto destructor, el USS Oscar Austin, llegó a la base gaditana en octubre de 2024, pero la incorporación del sexto se retrasó por razones operativas: la Navy quería que fuera un buque de última generación, un Arleigh Burke Flight III, dotado con un radar activo AN/SPY-6, capaz de detectar objetivos de la mitad de tamaño al doble de distancia que en versiones anteriores. Con la llegada del sexto destructor ―aunque no hay fecha cerrada, se barajan los meses de octubre o noviembre― se completará un despliegue que ha obligado a realizar cuantiosas inversiones en la base, con un presupuesto de más de más de 400 millones de euros, de los que unos 250 corren a cargo de España, aunque podrían ser financiados por el programa de infraestructuras de la OTAN.
Además de ampliar la capacidad de atraque para albergar al sexto destructor estadounidense y a las nuevas fragatas F-110 de la Armada española, se han construido hangares para helicópteros y aviones de transporte, una planta solar fotovoltaica, almacenes logísticos, depósitos de combustible y alojamiento para la incorporación de los militares estadounidenses y sus familias. La ministra de Defensa visitó el pasado día 26 la base de Rota, donde supervisó el avance de estos trabajos.
Precisamente son las importantes inversiones en curso en la base gaditana, también por parte del Pentágono, las que llevan al Gobierno a creer que esta instalación no resultará afectada por el anunciado recorte de las tropas de EE UU en Europa. Hay otra razón: aunque los seis destructores forman el componente naval del escudo antimisiles de la OTAN frente a ataques desde Rusia, Irán o Corea del Norte, no es esa su única ni principal función. Para el Pentágono son un instrumento clave de su estrategia en Oriente Próximo. Durante los recientes ataques de represalia por parte de Irán, se desplegaron en el Mediterráneo oriental para facilitar cobertura antimisil a Israel, contribuyendo a interceptar los proyectiles lanzados por Teherán gracias a su sistema Aegis. No es la primera vez que cumplen este papel, también lo hicieron en anteriores lanzamientos de misiles contra el Estado judío. Aunque el Gobierno español ha vetado el uso de las bases de Rota y Morón para prestar apoyo logístico a los ataques aéreos contra el régimen iraní, no ha puesto pegas al uso de los destructores para esta misión defensiva.
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