
La ugandesa, de 70 años, es una de las magistradas del TPI sancionadas por EEUU por investigaciones que afectaban a ese país y a Israel
La ugandesa Solomy Balungi Bossa, de 70 años, jueza de apelaciones en el Tribunal Penal Internacional (TPI), es una de las sancionadas por Donald Trump por llevar a cabo investigaciones relacionadas con EEUU e Israel. Acaba de participar en un coloquio en Madrid junto al exmagistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón y el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar. El acto forma parte de la campaña organizada por el movimiento Eumans y No Peace Without Justice apoyada por seis premios Nobel para defender la labor de la justicia internacional. Antes de ingresar en el TPI en 2018, con un mandato de nueve años, Bossa trabajó en el tribunal de Naciones Unidas para Ruanda.
Pregunta . “Me hice juez para ayudar a las mujeres”, reveló en una charla.¿Cuál es el primer episodio de discriminación que recuerda?
Respuesta . La Asociación de Mujeres de Abogadas de Uganda tenía un proyecto de asistencia jurídica para mujeres sin hogar. Una de mis clientas fue una enfermera que dejó su carrera porque su marido la quería en casa cuidando a los hijos. Él terminó vendiendo todas sus propiedades. Esa fue la primera vez que me di cuenta de la situación terrible en la que se pueden llegar a encontrar muchas mujeres sin tener culpa alguna. Otra mujer nos contó: “Tengo sida. Me infectó un hombre que murió y ahora su familia dice que yo lo maté. Quieren echarme de casa con los niños. No tengo dónde ir”. Y la ley a veces tampoco es muy útil. En aquel momento, las causas del divorcio eran diferentes para los hombres que para las mujeres. A ellas se las presionaba para que no se quejaran en casos de malos tratos. Sucede incluso ahora. Todo eso me motivó: Quise ser juez para cambiar las cosas.
P. Tiene 70 años, es jueza de apelaciones del Tribunal Penal Internacional, trabajó en el tribunal de la ONU para Ruanda, ha recibido varios premios. ¿Aún siente, de vez en cuando, en reuniones de trabajo o en su vida cotidiana, que hay alguien en la habitación que la infravalora por el hecho de ser mujer?
R. Sí, eso nunca ha dejado de pasar. Nunca. Depende del hombre con el que estés interactuando, claro, pero pasa incluso en la escena internacional. Hay países con leyes sesgadas a favor de los hombres. Esto es una lucha continua. De hecho, creo que si estamos en el Tribunal Penal Internacional es porque hicieron reglas específicas para asegurar la representación de género.
P. Un juez acumula muchas historias humanas. De todas las que ha escuchado a lo largo de su carrera, ¿hay alguna que le conmoviera especialmente?
R. Es difícil quedarse con una. En un asesinato, por ejemplo, a veces, la crueldad sobre la víctima hace que ese caso se te quede grabado para siempre. Y a nivel internacional la crueldad ejercida sobre tantas personas inocentes se multiplica sin que los perpetradores muestren arrepentimiento. Desde luego, una de esas historias sería el genocidio de Ruanda.
P. ¿Qué le ha enseñado su trabajo sobre la naturaleza humana?
R. Que seguimos siendo innecesariamente crueles y egoístas. Pero también que hay muchas personas haciendo mucho bien. Por desgracia, las cosas malas eclipsan a las buenas.
P. El año pasado, la Administración de Donald Trump la sancionó a usted y a otros colegas del Tribunal Penal Internacional a raíz de sendas investigaciones vinculadas a oficiales de EEUU e Israel en Afganistán y Gaza. ¿En qué consisten exactamente esas sanciones y cómo le afectan a usted personalmente, al Tribunal Penal Internacional y a las ONG con las que que colaboran sobre el terreno?
R. No podemos transferir dinero, incluso usar la banca por internet se vuelve difícil porque no puedes actualizar ninguna aplicación, ya que están asociadas al sistema estadounidense. Es un desastre. Los jueces no deberían ser castigados por hacer su trabajo.
P. ¿Y esas sanciones tienen también un impacto en la población gazatí?
R. Sí. Las sanciones son un intento de coacción. Si las personas que investigan estos crímenes y que podrían proporcionar evidencias son sancionadas y no pueden ayudar al fiscal, ¿qué dice eso sobre la ley y el orden en el mundo? Es una amenaza para los jueces a título individual y es un desastre para las víctimas de crímenes a nivel internacional.
P. ¿Qué cree que buscaba Trump con esa decisión?
R. Quieren ver un cambio de actitud, que fallemos en el sentido que ellos quieren. Pero nuestro deber es decidir de acuerdo a los hechos y la ley.
P. La Coalición por el Tribunal Penal Internacional reclamó el pasado abril a la Unión Europea que les protegiese de las sanciones de Trump. ¿Ha sido atendido suficientemente ese llamamiento?
R. Lo están intentando, sobre todo después de su última reunión. Condenaron las sanciones. Pero el proceso es lento y tedioso. La Unión Europea no ha logrado aprobar el estatuto de bloqueo [instrumento para neutralizar los efectos de sanciones extranjeras en territorio europeo], que habría aliviado la situación. Y hay jueces del Tribunal Penal Internacional que emitieron órdenes de arresto que han sido condenados en ausencia por Rusia. También estamos lidiando con eso.
P. ¿Diría que el modo en que Trump trata al Tribunal Penal Internacional se parece, teniendo en cuenta esas sanciones, más al de una organización criminal o terrorista que a una institución que trabaja por la paz y la justicia?
R. Esta orden de jueces sancionados nos enumera en la misma categoría de terroristas o traficantes de drogas. Todos estamos en la misma categoría para ellos, así es como nos ve.
P. El mensaje impreso en el cuadro con la medalla del premio Nobel de la Paz que María Corina Machado entregó a Trump mostraba su agradecimiento “ por la promoción de la paz mediante la fuerza” . ¿Es eso posible? ¿Por qué cree que la fuerza y la acción militar parecen estar ahora mejor vistas que la disuasión?
R. Inicialmente, se establecieron unas reglas para que no se pueda usar el poder para atacar a otros, alterar la paz y el orden mundial. Por supuesto, a veces se han violado esas reglas y eso ha tenido consecuencias. Ahora parece que no las hay, que las personas que tienen el poder y la fuerza pueden hacer lo que quieran. Y esa es la tendencia preocupante.
P. El Tribunal Penal Internacional nació para combatir la impunidad y prevenir los genocidios, los crímenes de guerra y contra la humanidad. Después de lo sucedido en Gaza y Ucrania, ¿cree que las instituciones de justicia internacional están perdiendo credibilidad? ¿Es más difícil ahora que hace cinco años invocar la ejecución del derecho internacional de derechos humanos?
R. Eso depende de lo que hagan los líderes mundiales. Los tribunales no tienen la culpa de la situación en la que se encuentran porque fueron establecidos por los Estados y es a los Estados a los que que compete asegurarse de que funcionan de manera óptima. Los gobiernos deben restaurar el orden mundial porque sin Estado de derecho no se puede hacer mucho. Luego todos nosotros, individualmente, y la sociedad civil, las organizaciones internacionales, tenemos una responsabilidad, pero secundaria.
P. ¿Cree que la comunidad internacional podía haber hecho más para prevenir o detener la masacre en Gaza?
R. Es una pregunta muy difícil. La comunidad internacional necesita hacer más. Pero no solo en Gaza. Hay masacres en Sudán, la República Democrática del Congo, Malí, Ucrania... y ninguna de ellas debería estar ocurriendo en este siglo, no después de que las potencias mundiales establecieran los juicios de Núremberg o después del genocidio de Ruanda, cuando se dijo: “Nunca más”. Cada institución debe hacer su parte.
P. ¿Con qué frecuencia aparece la frustración trabajando en el Tribunal Penal Internacional?
R. (Ríe) En primer lugar, ser juez no es fácil. La vida de un juez es muy, muy solitaria. Pero tenemos que ser resilientes, seguir esforzándonos, seguir adelante pese a las circunstancias.
P. ¿Cuál fue su último momento de satisfacción dentro del Tribunal Penal Internacional?
R. Supongo que está por venir. Será el momento en el que termine exitosamente mi mandato, se levanten las sanciones contra mí y pueda verse mi contribución. Mientras, tengo la conciencia muy clara de que hago lo que hago porque es lo correcto.
P. ¿Cómo cree que puede afectar a la reputación del Tribunal Penal Internacional la suspensión del fiscal jefe, Karim Khan, después de haber sido acusado de acoso sexual ?
R. El jurado aún está deliberando. No sabemos cuáles son las evidencias ni cuál será el veredicto. Solo espero que la forma en que se maneje este asunto deje la reputación del Tribunal Penal Internacional intacta.
Sobre la firma
Más información
El jurista Moreno Ocampo: “Israel maneja a EE UU. Su impotencia sobre Gaza es absoluta” Natalia Junquera | Madrid
“No debe haber escondites para autores de crímenes contra la humanidad” Natalia Junquera | Madrid