
El exministro reconoce desde prisión en una entrevista por cuestionario con EL PAÍS, la primera desde la sentencia del Supremo, que fue un error no renunciar a su escaño y admite reuniones con Leire Díez
José Luis Ábalos (Torrent, Valencia, 66 años) dice que dentro de la cárcel de Soto del Real (Madrid), donde duerme desde hace siete meses, es “uno más” aunque prefiere ni plantearse el horizonte penal que le espera ahora. Apenas una semana después de que se publicara el fallo del Tribunal Supremo que lo ha sentenciado a 24 años y tres meses de prisión por delitos de corrupción, el exministro de Transportes atiende a EL PAÍS en su primera entrevista tras la condena. Contesta, a través de un cuestionario, con tres folios manuscritos en los que se muestra muy crítico con la sentencia y tacha de “repugnante e inmoral” el hecho de que el comisionista Víctor de Aldama no tenga que ingresar en prisión. El que fuera hombre todopoderoso del PSOE con Pedro Sánchez no se ha movido un ápice del discurso que ha mantenido durante el proceso, aunque sí reconoce que fue un error no haberse desprendido antes de su escaño. Además, admite que tuvo reuniones con la exmilitante socialista Leire Díez y deja entrever que los encuentros no salieron bien.
“Resulta muy frustrante no tener oportunidad de contradecir, uno a uno, cada delito imputado. La firmeza de la sentencia me impide recurrir como cualquier ciudadano”, expresa el exministro después de haber leído las más de 200 páginas en las que el tribunal da por probados los delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. “La sentencia, lamentablemente, falsea en ocasiones y no recoge los argumentos de la defensa. Es permanente la ambivalencia entre Koldo y yo. A falta de pruebas, las dudas siempre se resuelven en contra de los condenados”, dice.
Ábalos no se aleja de la tesis que repitió un sinfín de veces públicamente durante los dos años de instrucción y que llegó a verbalizar ante los jueces que le juzgaron en el alto tribunal: que la condena, según él, estaba predeterminada. “Es una sentencia que pretende ser ejemplarizante, cuando de un tribunal lo que se espera es justicia”, opina. Considera que la sentencia, rubricada por unanimidad de cinco miembros de la Sala de lo Penal (conservadores y progresistas), es “absolutamente desproporcionada”. Pero indica, a la vez, que no esperaba que la pena llegara a ser tan alta en ningún momento. “El desarrollo del juicio me procuraba optimismo y mi defensa siempre consideró la absolución y, en su caso, algo mínimo sobre lo que tampoco pensábamos dar nuestra conformidad”.
El exministro por primera vez reconoce que debió haber abandonado antes el escaño para que el caso se hubiera trasladado del Supremo a la Audiencia Nacional, lo que le hubiera concedido una posibilidad de recursos mucho mayor y le hubiera hecho ganar tiempo. “Visto ahora, fue un error que ha jugado en mi contra”, confiesa. Su empeño, dice, era defender su inocencia y resistirse a lo que define como una “operación que afectara a la representación parlamentaria”. “No creía posible que una medida cautelar [como fue la prisión provisional] se utilizara para alterar la representación popular de 349 diputados”. Ábalos entiende que la medida de ingresarle en el centro penitenciario por riesgo de fuga fue un “subterfugio” y ahora ya no hay vuelta atrás porque la condena es firme.
Una de las cuestiones en las que Ábalos muestra más contundencia es en el repudio que le provoca la rebaja de pena de Aldama. “No solo no es justa, sino que es repugnante e inmoral por utilizar expresiones de Cirilo Álvarez Martínez, quien fuera presidente del Tribunal Supremo”, refleja. El exministro insiste en que el empresario “no es un arrepentido” porque “le hicieron falta diez meses para que efectuara su declaración delatoria”. “No ha colaborado con la justicia, sino con la operación de la Fiscalía, que es radicalmente distinto. Aldama ha conseguido la impunidad que pretendía y liberar antecedentes sobre la causa de estafa millonaria sobre hidrocarburos”, explica.
A su entender, al empresario lo ingresaron en prisión “para ablandarlo”, como “intentaron también con Koldo”, y fue entonces cuando la Guardia Civil presentó un informe que lo situaba como el jefe de una organización criminal y nexo corruptor. “Su panorama es, pues, hacer frente a ambas acusaciones y en prisión, que para una personalidad como la suya resulta insoportable. De ahí la delación, el pacto con la Fiscalía y apuntando solo a personas con dimensión política”, redacta. Ábalos se queja de que el tribunal le haya otorgado credibilidad al comisionista, “lo cual es solo un acto de voluntad”, y de que haya mostrado tal “generosidad” en la rebaja, que se ha superado incluso la que pedía la acusación popular del PP. “Corroborando a Bentham [Jeremy Bentham, jurista y filósofo inglés nacido en el siglo XVIII], ‘entre muchos criminales, el más malo, no solo quedará sin castigo, sino que podrá ser también recompensado”, parafrasea.
Sobre las entrevistas que Aldama ha concedido posteriormente en televisión, en las que sugiere que otros investigados puedan colaborar, incluido el propio exministro, Ábalos responde: “Yo siempre estoy en disposición de colaborar con la justicia en la verdad, pero me repugna el llamamiento al que se refiere. Este personaje no está legitimado para lanzar recomendaciones ni sugerencias y arruina a cualquiera que pueda sucumbir a su seducción”. El exministro carga duramente contra el comisionista, a quien acusa de carecer de “empatía aunque recurra continuamente al lenguaje afectivo como herramienta operativa”. “Solo siente por su interés, aun a costa del dolor que provoca a otros”, remacha.
Él no cree que elegir el camino que eligió su compañero de banquillo hubiera terminado en su caso en una reducción sustancial de la condena. “Visto con perspectiva, me hubiera beneficiado poco porque el propósito de condenar a un exministro del Gobierno de Sánchez era claro. Pero de haberlo hecho, tal y como hizo Aldama, no hubiera vivido en paz nunca. Mi pena hubiera sido vivir escondido sin restos de dignidad”, apunta. Y deposita ahora sus esperanzas en el Tribunal Constitucional. “Desearía no tener que recurrir al Tribunal Europeo por el bien de la credibilidad de nuestras instituciones”.
Se enfría su relación con Koldo
Ábalos pasa sus días desde el pasado mes de noviembre como el resto de internos de Soto del Real. No podrá salir hasta al menos 2030, cuando comenzará a poder pedir permisos penitenciarios, aunque no quiere plantearse “esa previsión”. “En la cárcel procuro ser uno más. Tengo una gran capacidad de adaptación y no tengo prejuicios de clase, ni racistas. Cuento con el apoyo y el afecto de los presos, lo cual es muy importante para sobrellevar tantas privaciones que no se limitan a la falta de libertad”, cuenta.
Y señala, en alusión a su estancia en prisión: “Te conviertes en un ser muy dependiente”, aunque deja entrever que ha crecido cierta distancia entre él y Koldo García, el que fuera su asesor en Transportes y que le acompaña en casi todos los delitos a los que ha sido condenado (un total de 19 años y ocho meses). “Ahora somos dos presos que comparten un mismo módulo. Pero tenemos nuestras propias relaciones con otros presos dentro del módulo y nuestras actividades son distintas”.
El exministro asegura que durante este proceso, que le ha robado los últimos dos años de su vida, mucha gente se ha quedado por el camino. “La gente que te buscaba, la que te adulaba, la que buscaba beneficiarse y de diferentes modos se benefició, desaparece”, revela. La “estigmatización”, cuenta, es un hecho. “Los que se mantienen fieles son los adversarios. Solo el entorno más próximo y afectivo se mantiene con coraje”, añade.
El otrora mano derecha de Sánchez no revela grandes decepciones dentro del Partido Socialista y no cree que los votantes vayan a castigar a la formación por esta sentencia. “El electorado progresista tampoco es ingenuo y es consciente de que nada es casual y que la historia está ahí y que, al final, nadie es tan malo como lo presentan, ni nadie es tan bueno como trata de aparentar”, refiere. Es consciente de que la oposición al Gobierno va a “utilizar este caso” como “artillería” para desplazar a los socialistas, pero cree que forma parte de la estrategia de la polarización.
Leire Díez y Zapatero
El exministro había negado en entrevistas anteriores haberse reunido con Leire Díez ―actualmente investigada por haber participado presuntamente en una operación para destruir causas judiciales en marcha― mientras estaba en marcha la investigación, como en el programa de televisión LaSexta Xplica en mayo del pasado año, cuando aseguró que había estado con Díez “como militante” durante la campaña de las primarias de 2017, pero no la había vuelto a ver desde que en febrero de 2024 había pasado al Grupo Mixto. Desde la cárcel, la versión es ahora distinta: “Sí que llegué a hablar con ella e incluso a discutir con acaloramiento”, cuenta. Ábalos no da detalles de cuántas reuniones ni sobre el contenido de las mismas, pero deja una reflexión: “Lamentablemente, el asunto ha acabado peor de lo que ya intuía. No se puede minusvalorar el poder efectivo”.
Durante su estancia en prisión, el exministro ha visto también cómo se iniciaba una nueva causa contra el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero por haber intervenido, supuestamente, en el rescate de 53 millones de euros de dinero público que se entregó a la aerolínea Plus Ultra. Ábalos sostiene que a él Zapatero nunca le dijo nada al respecto y, como ha mantenido en ocasiones anteriores, asegura que se enteró de que se iba a dar esa inyección de dinero estando ya sentado en el Consejo de Ministros. “Le pedí información al secretario de Estado [Pedro Saura] sobre la participación del Ministerio en este asunto y el porqué no se me había informado del tema que iba a ser tratado en el Consejo de Ministros, al igual que se me informaba de cuanto pudiera afectar al Ministerio”, apunta de forma escueta.
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