
Seis descendientes de emigrantes relatan su experiencia como nuevos ciudadanos españoles desde América
El líder de la oposición en España, Alberto Núñez Feijóo, del derechista Partido Popular, ha arremetido esta semana contra la Ley de Memoria Democrática, más conocida como ley de nietos , que otorga la nacionalidad a los descendientes de españoles que salieron al exilio o emigraron. “Es ingeniería electoral, interés de conseguir nuevos votantes”, ha dicho, acusando al presidente socialista, Pedro Sánchez, de usarla para “fabricar nuevos votantes”.
Un total de 2,45 millones de descendientes de españoles en varios países han pedido cita para solicitar la nacionalidad al amparo de la norma , aprobada en junio de 2022 con el voto en contra de la derecha . Sin embargo, es ahora cuando ha sido más explícito en sus críticas por el efecto que esto puede tener en el censo electoral puesto que, como el resto de ciudadanos, tienen derecho a votar.
Feijóo, que encabeza las encuestas de intención de voto si hubiera elecciones en España, insiste en que la norma, que daba de plazo hasta el 21 de octubre de 2025 para presentar solicitudes, es “ingeniería electoral”: “Lo que hay detrás es ingeniería electoral, interés de conseguir nuevos votantes a través de la nacionalidad y el pasaporte”, ha dicho esta semana. “Como con los votantes actuales no le salen las cuentas [a Sánchez], va a ver si fabricando votantes le salen las cuentas”.
A continuación, el testimonio de seis personas que obtuvieron la nacionalidad española con esta ley en México, Cuba, Argentina y Austria:
Laura Gabián, 34 años. Argentina: “La migración entre España y Argentina es un camino de ida y vuelta”
Por Mar Centenera (Buenos Aires)
La diseñadora gráfica argentina Laura Gabián (Buenos Aires, 34 años) se dirigía este martes al Centro Cultural de España cuando se desvió para acudir a esta entrevista con EL PAÍS. El camino hacia sus raíces gallegas comenzó en 2022, cuando empezó a cuidar a su abuela, de 93 años, en sus últimos meses de vida. Le daba de comer, la lavaba y la vestía en una casa al sur de Buenos Aires que estaba llena de recuerdos de esa tierra que abandonó a su pesar, en plena posguerra española, en busca de un futuro mejor. Gabián recuerda una muñeca gallega de faldas rojas, estampitas de corridas de toros y otros adornos del otro lado del Atlántico. Su padre heredó la nacionalidad, pero ella, que hubiera podido reclamarla hasta los 21 años, nunca lo hizo y el plazo venció.
Tenía 31 años en ese 2022 que, al ver cómo la vida de su abuela se apagaba, comenzó a hacerse preguntas sobre sus orígenes. Cuando se enteró de que el Gobierno español aprobaba la Ley de Memoria Democrática, decidió acudir al Consulado con toda la documentación. “Presenté los papeles el 10 de abril de 2023. El 24 de julio de 2024 me mandaron el email que decía que había adquirido la nacionalidad”, recuerda. “Me dio mucha alegría porque supone recuperar parte de mi identidad. Los nietos e hijos de españoles somos parte de la identidad de España, de un momento en el que mucha gente tuvo que emigrar”, señala. El movimiento migratorio era entonces hacia Argentina; hoy es en dirección contraria, pero no se sabe qué pasará en un futuro: “Es un camino de ida y vuelta, un círculo en el que los dos países buscan ser el refugio del otro y no siempre lo logran”.
Su hermano, seis años menor, sigue a la espera de la nacionalidad y teme que no llegue a conseguirla si prosperan los planes del Partido Popular para paralizar la ley. “Presentó los papeles en febrero de 2024, pero no obtuvo respuesta”, dice, con preocupación.
Sus abuelos regresaron a su tierra natal en 2001, pero cinco años después volvieron a hacer las maletas. “Estaban muertos de ganas de volver a Galicia y tenían la esperanza de que nosotros también íbamos a ir. Nos extrañaban mucho y descubrieron que el mundo que habían dejado atrás ya no existía, así que volvieron acá, ya en paz. Mi abuela se arrancó la nostalgia que había cruzado toda su vida y empezó a disfrutar de Argentina”, recuerda. Al mismo tiempo, Gabián empezó un camino en sentido inverso. Imbuida en la historia familiar, colaboró con una amiga en una obra de teatro sobre otra abuela inmigrante, en este caso italiana, La reina de Turdera .
Cristián Jaramillo, 49 años. Chile. “La nacionalidad española es un vínculo con mis abuelos”
Por Antonia Laborde (Santiago de Chile)
El publicista chileno Cristián Jaramillo, de 49 años, logró obtener la nacionalidad española y está tramitando la de su hijo de 14 y la de su pequeña de 11 gracias a la ley de memoria. Su abuelo materno, Ángel Cereceda, nació a comienzos del siglo pasado en Logroño, La Rioja, y se vino a Chile en la década del cuarenta tras haber combatido en la Guerra Civil española por el bando de los nacionalistas cuando todavía era un menor de edad. “Tenía 16 años, no sabía por lo que peleaba”, relata Jaramillo.
Al llegar al país sudamericano, se integró a la comunidad de expatriados que buscaron una segunda vida en Chile y, en un baile del Círculo español, conoció a Lidia Jimenez. Era una chilena hija de riojanos, cuyo padre había participado recientemente del equipo fundador del Estadio español. Al poco se casaron y tuvieron tres hijos, un hombre y dos mujeres. Una de ellas, María Angélica, la madre de Cristián. Esa generación hizo la primera comunión y las actividades deportivas y sociales en el estadio, pero no tenían la nacionalidad. Durante años quisieron obtenerla, pero Ángel, ya mayor, no tenía su documentación a mano ni recuerdo sobre la oficina donde se había registrado su nacimiento.
Tras décadas buscando los papeles, un familiar de los Jaramillo Cereceda dio con la hoja de vida a 85 kilómetros de Logroño, en Pamplona (Navarra), donde Ángel había sido adoptado en una casa-hogar cuando era un niño. Con ese papel, María Angélica pudo tramitar su nacionalidad española a finales de los noventa, pero no así sus hijos, al ser mayores de 18 años. “La ley nos abrió esa puerta. Lo que hace la ley es extender una generación más la posibilidad”, relata. Ahora tiene su matrimonio registrado y en curso el de su descendencia, a la que los lleva al menos cuatro veces por semana al Estadio español, donde él también fue de pequeño con sus abuelos. “Tratamos de participar en la colectividad riojana, de las fiestas del 12 de octubre. Es nuestra forma de conectarnos”, plantea Jaramillo. “Para mí, la nacionalidad española es un vínculo con mis abuelos, una forma de entender el origen. Ni siquiera la he utilizado para viajar, no conozco España”, añade. Sobre su abuelo, aún recuerda las esquirlas de bala en su cuerpo y el daño psicológico que le provocó pelear en la guerra.
Felipe Gómez, 44 años. México. “No veo ninguna razón para considerar esta ley como una amenaza”
Por Beatriz Guillén (México)
A veces, la identidad puede estar guardada en la forma en que se prepara el bacalao o se dice torrejas en vez de torrijas. Así era en casa de Felipe Gómez, ahora de 44 años, mexicano y nieto de españoles exiliados. Este profesor y traductor se fijaba en lo distinto que se celebraban las fiestas en su familia paterna, cuyas raíces llegaban hasta Noja, en Cantabria. Ahí había sido diputado de la Segunda República su bisabuelo Ramón Ruiz Rebollo y de ahí había tenido que huir el político con sus 11 hijos hacia México por la persecución desatada por Francisco Franco. Llegaron en el barco Flandre al Puerto de Veracruz en 1939 y unos meses después a Ciudad de México. Encarnación Ruiz era la mayor de esos hermanos y la “favorita” de su nieto. De ella aprendió Gómez que la identidad se construye: “La memoria se pierde. La memoria son estos hilos que hay que estar tejiendo. Literalmente, mi abuela tejía y ahora yo tengo que tomar esos hilos y seguir tejiendo para rememorar”.
Gómez tramitó su nacionalidad española en 2010, tres años después de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica que permitía a hijos y nietos de exiliados españoles acceder a la ciudadanía. Esa legislación fue ampliada en 2022 con la Ley de Memoria Democrática y es la que ahora, 10 meses después de que cerrara el plazo para solicitarla, ha sido cuestionada por el líder del Partido Popular. Alberto Núñez Feijó la ha calificado de “ingeniería electoral” por parte del PSOE para conseguir votos. A Gómez esa idea le parece “cándida”: “Me parece un discurso político maniqueo y un sinsentido. Pensar que esta ley pudiera afectar intereses a nivel Estado, nación, en cualquier sentido político. No veo ninguna razón para considerar esta ley como una amenaza”.
Este profesor de políticas culturales y letras inglesas nunca ha ejercido su derecho al voto en estos 16 años, aunque en una ocasión sí recibió los formatos para hacerlo desde Cantabria y en otra su tía le comentó que sería importante que votara, pero no llegó a tiempo. Él hizo los trámites para nacionalizarse por una cuestión “identitaria”. La misma que hace que sus hijas vayan ahora al Colegio Luis Vives, en Ciudad de México, fundado por exiliados, o que se emocione escuchando Gallo rojo, gallo negro. “Identifico mi españolidad en esa lucha de izquierdas, por la justicia, con la democracia”.
María Fernanda Sánchez-Armáss, 36 años. México. “Nos parecía valioso tener doble nacionalidad”
Por B.G. (México)
Hace solo un mes que a María Fernanda Sánchez-Armáss le avisaron que había obtenido la nacionalidad española. Esta productora de cine y su familia habían aplicado para la llamada Ley de Nietos en abril de 2025: ella desde Ciudad de México, y sus tías desde Washington, Boston y California, en Estados Unidos. Los papeles al norte de la frontera salieron más rápido que los suyos, por lo que ella todavía está esperando su pasaporte español. Lo quiere porque le gustaría hacer un máster especializado en distribución de cine en el País Vasco, en la escuela Elías Querejeta Zine Eskola, de San Sebastián, uno de los pocos lugares donde lo tienen. “Esa es una de las razones”, apunta: “También nos parecía valioso tener una doble nacionalidad, tanto a mis hermanos como a mí. Además, con ella se abren muchas más opciones en cuanto a fondos internacionales, fondos como Ibermedia o fondos españoles para poder hacer coproducciones de cine”.
No había escuchado las declaraciones del líder del Partido Popular antes de esta entrevista, pero las considera “fuertes”: “Yo no lo había visto para nada por ahí. Incluso teníamos la duda de qué pasaba si no votábamos. Porque en la solicitud te preguntan en dónde quieres votar. Y para mí, mientras viva en México, lo más responsable sería no votar en las elecciones españolas”.
Su bisabuelo, Fructuoso Blanco-Rodríguez, llegó a Veracruz en septiembre de 1907. Era comerciante de Gijón (Asturias) y tenía 27 años. En el centro del país, en Guanajuato, nació una de sus hijas: María del Consuelo del Perpetuo Socorro Cázarez, la abuela de María Fernanda Sánchez-Armáss. Conseguir el acta de nacimiento de Fructuoso fue la parte más complicada del proceso; después se nacionalizó su abuela y, seguido, todos ellos. “Yo había oído de la ley, pero pensaba que era muy inalcanzable”, relata la cineasta. Su abuela, que murió en diciembre, no llegó a verla con la nacionalidad.
Tania Sánchez-Juárez, 49 años. Austria: “Si yo recuperé mi nacionalidad, es por ese cariño”
Por B.G. (México)
La travesía de Rosa Herranz, procedente de Ávila, tras salir de la represión franquista, incluyó los campos de concentración franceses, Argelia, Casa Blanca y, finalmente, uno de los últimos barcos con destino al Puerto de Veracruz. Llegó a México en octubre de 1942. La de Fermín Zugazagoitia, el hijo mayor del socialista Julián Zugazagoitia —periodista y ministro de Gobernación del presidente Juan Negrín—, fue similar tras el fusilamiento de su padre. Llegó a México en 1941. En la capital del país, los dos exiliados se conocieron, se enamoraron y formaron una familia. La ley mexicana de entonces solo permitía tener una nacionalidad, por lo que Fermín se naturalizó mexicano y también lo hicieron sus hijas. Eso, durante mucho tiempo, hizo pensar a su nieta, Tania Sánchez-Juárez Zugazagoitia, que no iba a poder recuperar su ciudadanía española: “Me quedé sin nada”.
Esta internacionalista, que estudió ciencia política entre México y Suecia y vive desde hace 19 años en Viena, estaba a punto de optar a la nacionalidad austríaca, tras haberse casado allí, cuando se aprobó la Ley de Memoria Histórica en España. No tuvo dudas. “Por mis orígenes, por mi orgullo, por el amor y por la historia, dije: ‘No, yo no soy austriaca, yo tengo que recuperar lo que es mío porque yo tengo una raíz muy fuerte española, tengo que meter los papeles”, relata ahora por llamada desde Viena: “Lo hice en 2009 y desde hace 17 años tengo orgullosamente nacionalidad española y mexicana”. Por parte de su padre, cuenta, es descendiente de Benito Juárez, presidente mexicano y una de las figuras decisivas en la historia del país. “Por las venas me corre la política”, bromea.
Ella sí ha votado desde Austria: “Yo voto, además, como ciudadana europea. Tengo el derecho a votar y pienso que también la obligación”. Para Sánchez-Juárez, las declaraciones del líder del PP son “una decepción y una ofensa”: “Esto no es por ingeniería electoral. Votar es nuestro derecho como ciudadanos. Si yo recuperé mi nacionalidad, es por ese cariño. No me he ido a España para usar los recursos de los españoles, como luego también dicen desde la derecha”.
Tania pudo viajar a España con sus abuelos antes de que fallecieran: “Ellos tenían mucho miedo de ser rechazados allí. Pero vieron que el Gobierno había cambiado”. Para ella, la ley de Memoria Democrática es, sobre todo, “un reconocimiento a esta gente que tuvo una pérdida tan fuerte”.
Valia González, 64 años. Cuba: “Me gustaría ir y volver, porque es el derecho que tengo”
Por Sergio Murguía (La Habana)
La historia de Valia González García en Cuba comienza cuando sus abuelos llegaron a la isla huyendo del franquismo tras la guerra civil española. Desde pequeña, esta habanera de 64 años escuchaba las historias que le contaban sobre cómo era la vida familiar en Galicia, de la añoranza por lo que debieron dejar atrás para salvar la vida y buscar un futuro mejor en otras tierras.
Nieta de madrileña y gallego, aunque nacido e inscrito en Cuba, Valia atesora el baúl con el que viajaron sus abuelos para establecerse en La Habana, en una casa del Cerro. Allí guardaron todos sus documentos del viaje, como si hubieran querido dejarle a su descendencia un camino claro para beneficiarse de una ley que busca reparar y honrar a los exiliados del siglo XX español, a través de sus hijos y nietos.
“La ley ha sido positiva”, dice Valia González desde su casa al oeste de La Habana, quien ve reconocidas con la norma sus raíces y los lazos sentimentales que la unen con la tierra de origen de sus antepasados. “Quise optar por la nacionalidad porque se trataba de mis abuelos maternos, de quienes siempre escuché todas esas historias de la vida que dejaron atrás en España. Entendí que ese también era mi derecho”.
En octubre de 2024 le fue aprobada su solicitud y en enero de 2025 tuvo en sus manos su pasaporte español. Sin embargo, aún no conoce el país desde el que vinieron sus abuelos. “Me gustaría ir y volver, porque es el derecho que tengo. Es la posibilidad de tener un pasaporte con el que puedo ir, visitar España sin contratiempos, sin esperar una visa, sin todos los prejuicios que pueda haber, sin todos los problemas que hay. Si algún día se pudiera, claro que me gustaría vivir allí”.
Valia asegura que su situación monetaria actual es lo que impide que pueda viajar a España, pero le da tranquilidad tener el pasaporte español, como si se tratase de un salvoconducto para escapar en cualquier momento de la asfixiante realidad en que se ha convertido Cuba, un país donde, se lamenta, “no tenemos garantías, ni expectativas, ni esperanza, no tenemos nada”. Y frente a quienes cuestionan una ley que ha beneficiado a cientos de miles de personas, Valia es tajante: “Dejen que cada cual la use como quiera, porque es su derecho”.
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