Lo que hay que exigir a Pedro Sánchez

Lo que hay que exigir a Pedro Sánchez

El Gobierno debería abordar seis objetivos diáfanos y pactables en lo que reste de legislatura

Pretender que el Gobierno se suicide políticamente será legítimo, pero no es muy sagaz conminar a su presidente en modo de clavarle al lodazal corrupto para destruir tanto a la persona como a su obra de gobierno.

Tampoco lo es que Pedro Sánchez haga un Starmer : apartarse y promover a otro candidato para sucederle. Pero choca que Junts sea el que dé empaque a esa salida, no por defenderla, sino por firmarla en mala compañía.

De repente, los de Carles Puigdemont arrumban toda la historia del catalanismo conservador, incluida la intachable tradición democrática y constitucional. Por vez primera vota en un asunto trascendente juntándose al partido parafascista Vox, que propugna en su programa la aniquilación de la Generalitat y las demás autonomías. Fuerte para lo que quede de su electorado liberal.

El episodio sirvió al menos de palanca para el reconocimiento por el PP de que Cataluña se ha normalizado. Al proclamar que “hoy la amenaza no es el secesionismo” su vocero ultra, Miguel Tellado, zanja la historia de 2017. Y reconoce (sin mentarlo) el éxito de Sánchez y Salvador Illa en su política de reconciliación, que ha encauzado aquel pleito territorial. Para ser creíbles, retiren sus recursos pendientes contra la amnistía y reciclen a quienes convocaron a la calle para desestabilizar al Gobierno, incluida la minoría facciosa de jueces que se plantó ilegalmente. Y a sus propias sombras.

Dimisiones, adelantos electorales, mociones, bloqueos, invectivas… Por encima de las cosas de la política, deberíamos situar la política de las cosas que más interesan a los ciudadanos. A Pedro Sánchez (y a cualquiera con responsabilidad) lo que hay que exigirle es que los 13 meses que quedan legalmente hasta el final de la legislatura —o los que al cabo queden— no sean inútiles. Para eso urge saber en qué se pretende emplearlos.

El requisito primero, y lo mínimo, es un plan de actuación sobrio, sintético, nada de oceánico. Solo de lo esencial que facilite un punto de partida a fin de que la siguiente legislatura no arruine lo conseguido (en economía, en avances sociales, en pacificación territorial…) y pueda aspirar a ser, al menos, igualmente próspera.

Quizá valdría con seis objetivos, diáfanos y pactables. A título de sugerencia: 1) presentar y negociar el Presupuesto de 2027; 2) presentar la ley de integridad, clave en el paquete de regeneración y anticorrupción; 3) sellar un pacto básico en financiación autonómica, que cuelga desde 2014; 4) ejecutar el Plan Estatal de Vivienda ya aprobado, doblando su dotación; 5) culminar la regularización migratoria, y concretar el plan prometido de refuerzo de los servicios públicos; y 6) celebrar un primer debate parlamentario sobre defensa y su encaje en la europea, que encargue un Libro Blanco (amplio) o Verde (ejecutivo).

Y luego ya votamos teniendo también en cuenta todo esto.

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