
Poco a poco, ha ido dejando atrás el barco encallado del 'procés' para terminar convirtiéndose en el listo que algún día soñó ser
Según la última encuesta del CIS, Gabriel Rufián ocupa el cuarto lugar como político favorito para presidir el Gobierno. En plena etapa de autodestrucción del que fuera el espacio de Podemos, el portavoz de Esquerra Republicana se sitúa como el primero en la lista que aparece a la izquierda del PSOE. Este hipotético capital electoral, alimentado por un efectivo discurso demagógico que predomina en las redes a través de sus intervenciones en sesiones de control o comisiones de investigación (no trabaja mucho más), es lo que le está permitiendo mantenerse al margen del grupo parlamentario que dirige, tensar las relaciones con la cúpula de su partido hasta romperlas, mientras intenta impulsar una alternativa antifascista ante la posibilidad de una mayoría del Partido Popular con Vox. Si Oriol Junqueras no logra enderezar la situación —la próxima semana regresará a Madrid para intervenir en su principal conflicto interno—, no resulta improbable que Rufián termine siendo un candidato victimista del ámbito que le resultaba más natural: no el independentismo, sino el antiguo Podemos. La ironía es que Rufián, sin el independentismo, no tendría razón de ser.
En 2013, cuando el movimiento nacional del procés tejía una red cívica omnipresente, se fundó una asociación que representaba a la vieja inmigración española o a sus hijos convertidos al independentismo: Súmate. Para los ideólogos del movimiento, podían desempeñar un papel multiplicador. En barrios y pueblos de pasado obrero en el área metropolitana de Barcelona, tras el impacto de la crisis, se padecía el debilitamiento del Estado de bienestar. Si se lograba convencerlos de que la ruptura territorial era la alternativa a la pérdida de confianza en el Estado del 78, el independentismo daría un salto de escala evitando el conflicto identitario. Todavía existen vídeos colgados de aquellos eventos. La mayoría de los asistentes eran de edad avanzada, es decir, sufrían por sus pensiones. Pero había un tipo diferente, con poco más de 30 años, jersey sencillo, izquierdista con dicción callejera, que, acto tras acto, repetía un discurso épico: su abuelo y sus padres habían sido trabajadores llegados de Andalucía con maleta de cartón que, al sentirse orgullosos de su nueva identidad catalana, siempre se comprometerían con una votación que afectase a su país de acogida. Estaba allí por ellos. Rufián, apadrinado por el procés, ascendió rápidamente.
Destacó como activista. Participó en debates. Se reveló como una estrella en Twitter. Columna en prensa nacionalista. Integrado en la dirección de la todopoderosa Assemblea Nacional Catalana. Primero se profesionalizó al margen de los partidos, como su némesis Míriam Nogueras en la derecha, pero en poco tiempo fue diputado. Rápido, muy rápido, en las listas de Esquerra para las elecciones generales de diciembre de 2015. Sabía lo que se esperaba de él y durante años cumplió su papel a la perfección. "Yo estoy aquí y estoy en esto, defendiendo lo que quiera ser cualquier pueblo frente a una urna, porque soy nieto e hijo de andaluces llegados hace 55 años desde Jaén y desde Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman un charnego y soy independentista. He aquí su derrota y he aquí nuestra victoria". Lo que quizás no podían anticipar los suyos es que, más que actuar como un político en defensa de los intereses de los catalanes, poco a poco abandonaría el barco encallado del procés para terminar convirtiéndose en el listo que algún día soñó ser: un buscavidas avanza por la Carrera de los Jerónimos, se retroalimenta en el espejo esperpéntico de Vito Quiles porque el algoritmo no lo detecta como político, piensa que sus likes serán votos, brilla en la capital con traje y gafas de sol. He aquí su victoria.
Sobre la firma
Más información
La política de la sospecha Fernando Vallespín
La política de la sospecha
Un León despedazado Elvira Lindo
Un León despedazado
Archivado En
Opinión
España
Cataluña
Política
Políticos
Gabriel Rufián
ERC
Oriol Junqueras
Independentismo
Nacionalismo
Izquierdismo
Procés Independentista Catalán
Estado bienestar
ANC
Redes sociales
Congreso Diputados
Míriam Nogueras
JuntsxCat
Emigrantes